Sin dolores de cabeza

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Es importante honrar a los padres porque ellos ya vivieron la edad por la cual nosotros pasamos, y su experiencia nos puede decir mucho. Aunque a veces no nos guste y nos parezca injusto, reconocer el valor que ellos tienen nos ahorra un montón de “dolores de cabeza”, como suele decirse.

Muchas veces, el adolescente piensa que por ser rebelde va a llamar más la atención de su familia y, en realidad, no hay mejor manera de estar cerca de ella que ni más ni menos, siendo un hijo obediente a lo que me dicen o aconsejan.

Yo, aunque muchas veces no quiera hacer algo y tenga cruces con mis padres, cuando no he obedecido en algunas situaciones, me ha salido todo mal por haber decidido lo contrario a lo que ellos me dijeron; decidí empezar a hacerlo porque en realidad lo que ellos quieren para mí, es lo mejor.

A mí, realmente me  beneficia hacerlo. A veces miro a mi entorno, y no por compararme o sentirme más que los demás, pero me pongo a pensar y me digo a mi misma: “gracias a Dios que obedecí a mis papás en determinadas situaciones, si no, hubiera terminado como ellos”. Y es ahí cuando me doy cuenta, de que ellos se merecen ser obedecidos y valorados.

VALENTINA TREBUQ

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