¿Qué ves?… Una cosa…Es un juego que los niños de antaño jugaban; a mi me lo contaron. Yo todavía no había nacido. Dicen que si estabas de gusto era muy bueno.
Hace poco tiempo conocí a un músico llamado Diego Danelli, nacido en la ciudad donde vivo y que reside en Barcelona. Sabe? Usted debería conocer mi pueblo porque se ha transformado en proveedor de hombres de Dios de excelencia para el resto del mundo.
Volviendo al tema, en una de sus canciones que él nos enseñó, decía… “es que mi fe ha visto la palabra cumplida en mi”…¡Que gran verdad!Tan profunda y potente verdad es, que hoy día cada vez que la canto o recuerdo sigue conmoviendo mi espíritu.
Si usted quiere que sea más bíblica aún, póngala entre dos tapas negras que digan Santa Biblia y listo.Es que eso es lo que produce mi fe, trae al presente los resultados que se esperan; trae al mundo natural la manifestación de los resultados obtenidos en el ámbito espiritual. Le hace disfrutar de las cosas con anticipación.
La palabra de Dios en 1ra Juan 4.4 me enseña que yo soy de Dios y que Él está en mi.
En Colosenses 2.9-10 se nos enseña que toda la plenitud de la Deidad está corporalmente en Cristo, y que nosotros estamos completos en El.
En Efesios 5.23 el apóstol Pablo nos dice que Cristo es la cabeza de la Iglesia, la cual es su cuerpo, o sea, nosotros. En Romanos 4.17 leemos que Dios llama a las cosas que no son como si fuesen.
Si usted todavía no es parte de la iglesia, que no es por concurrir a un templo sino por recibir a Cristo en su corazón, le doy un sabio consejo… no pierda mas el tiempo. Ahora razone por un momento conmigo; porque la palabra de Dios es quien lo invita a usted a razonar. Si yo estoy en Dios y el está en mi, si Cristo y yo somos uno, si en él habita toda la plenitud de la deidad… ¿qué habita en mi? ¿quién está a mi favor? ¿puedo yo actuar de ese mismo modo?
Si la esencia misma de Dios habita en nosotros, nuestros pensamientos y nuestra forma de hablar ya no deben ser los nuestros sino los de Dios. Y a eso agréguele que Jesús mismo dijo que nosotros haríamos mayores cosas que él.
Un misionero preguntó… ¿y cómo se hace?Fácil… deje de hablar como mal aprendió y comience a hablar lo que la palabra dice. Deje de decir palabras ociosas porque no le reportan ningún beneficio. Hable lo que Dios dice y crea lo que usted dice.
Mire, si usted comienza a confesar la palabra en voz audible sobre sus circunstancias, éstas cambian y se ajustan a lo que Dios dice. ¿Sabe? Mi pastor me enseñó que mi fe trae a mi futuro, que mi fe trabaja constantemente para mi, que mi fe debe ser salvaje… ¿Le parece loco? es porque es puro poder de Dios, y entonces usted tiene un serio problema que solucionar (1ra Corintios 1.18).
Usted también puede llamar las cosas que no son como si fuesen.¿Sabe amigo? Mi fe ha visto la palabra de Dios cumplida en mi… y eso no me lo roba nadie. Yo se en quien he creído y creo. Yo se que futuro me espera y he comenzado a disfrutarlo.
Si usted comienza a darle lugar a éstas palabras será el hombre de éxito que Dios vio desde la eternidad.Veo, veo… ¿qué ves?… al éxito… ¿en donde?… en el espejo de mi baño.
¿No quiere jugar? Mire que el éxito puede llegar a verlo en su espejo…


David Bongiorno
Olavarría, Bs. As. – Argentina

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